Macario

Los sueños de Macario estaban frente a él: un pavo sobre hojas de plátano que había querido desde siempre. Sus ganas de comerlo él sólo eran tantas que ni Dios no el diablo pudieron tomar un solo pedazo del guajolote.

No fue hasta que llegó la muerte que Macario pudo mirar algo más que su pavo, frente a frente se encontraron. Macario el leñador humilde y la muerte, hambrienta y solitaria, que pidió un pedazo.

Más de mil años habían pasado desde la última vez que la muerte comió y habló con alguien, por otro lado el hambre que mata poco a poco invadía a Macario. Sin duda un choque de sentimientos que giraban en torno a un ave.

La muerte sigilosa se acercó a Macario para pedir un pedazo, tal y como lo hace con todos a los que visita. Con una voz serena y un semblante pálido. El leñador admirado y con conocimiento de que se encontraba frente a la mismísima muerte cedió y partió por mitad su tan anhelado platillo.

Ambos comieron silenciosamente, con asombro y desesperación, uno pensando que sería su último bocado y otro el primero luego de una eternidad.

La muerte visita a todos por igual, pero a pocos los visita el mismo día Dios, el diablo y la muerte, lo más irónico es que a Macario no le pedían su fe, su alma o su vida, sino una pierna o un huacal… del totol.

Por: Carlos Zamora




1 comentarios:

Brisa dijo...

no esta mal, inclusö pudiste hacerlo en podcast y hubiera quedado perfecto, tu calificación es 8

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